El pasillo de fuego real: la última prueba antes de ganarse la boina verde, y por qué perderla después es el castigo que más temen
El examen final del Curso Básico de Operaciones Especiales incluye atravesar reptando un pasillo bajo fuego real de ametralladora y explosiones próximas, un ejercicio extremo que, pese a su dureza, registra menos accidentes que otras instrucciones menos e
Reptar bajo el fuego, la última barrera antes de la boina
Buena parte de las pruebas finales del Curso Básico de Operaciones Especiales culminan con lo que dentro de la unidad se conoce como el pasillo de fuego: los aspirantes atraviesan reptando unas alambradas mientras se efectúa fuego real de ametralladora por encima de sus cabezas y suenan explosiones controladas a corta distancia, un ejercicio pensado para dar una idea, lo más realista posible dentro de la seguridad del entrenamiento, de cómo se siente un combate real. Antes de que ningún aspirante se someta a la prueba, son siempre los propios mandos —todos ellos diplomados en la Escuela Militar de Montaña y Operaciones Especiales de Jaca— quienes bajan primero en rápel, cruzan el teleférico táctico o atraviesan el pasillo de fuego, comprobando personalmente la instalación del material y el estado de armas y explosivos.
Una paradoja estadística que sorprende a quien no conoce la unidad
Pese a la dureza aparente de este tipo de ejercicios, las estadísticas del propio Ejército de Tierra muestran que los boinas verdes registran, en proporción, menos accidentes en su instrucción técnica y táctica que otras unidades con programas de entrenamiento menos intensos, a pesar de que realizan ejercicios en el campo durante al menos diez días seguidos cada mes, además del resto de instrucción regular. La explicación habitual dentro de la unidad es sencilla: cuanto más se repite un procedimiento de riesgo bajo condiciones controladas y con mandos que se exponen ellos mismos en primer lugar, menor es el margen real para el error el día en que ese mismo procedimiento haya que aplicarlo de verdad.
Lo que de verdad se gana, y lo que de verdad se puede perder
Superar el curso y recibir la boina verde exige, según describen quienes la han llevado, mucho esfuerzo y sudor, esmero para portarla con honor durante los años de servicio y, finalmente, cierta nostalgia al guardarla en casa una vez licenciado. Pero existe un reverso menos conocido de ese mismo símbolo: la peor sanción que puede recibir un soldado de operaciones especiales cuando no logra mantener con ejemplaridad el compromiso adquirido el día en que se le entregó no es ningún castigo material, sino que se la retiren ante toda la unidad formada, un gesto que, en una cultura que valora tanto lo simbólico como lo material, sigue considerándose el peor golpe que puede recibir un boina verde.
Fuente: defensa.com (Noticias Defensa nº 500, "La prueba del boina verde").