Boinas rojas, no verdes: la historia del único Grupo de Fuerzas Especiales que lleva 65 años dedicado por entero a Latinoamérica
Activado en 1960, el 7º Grupo de Fuerzas Especiales adoptó un color de boina distinto al resto del regimiento y construyó su identidad en torno a un área de responsabilidad de 32 países, un dominio del español y el portugués poco habitual en el resto del
Una excepción de color dentro del propio regimiento
El 7º Grupo de Fuerzas Especiales (Airborne), activado el 20 de mayo de 1960 en Fort Bragg y trasladado en 2011 a Eglin Air Force Base (Florida), es la única unidad del regimiento de Fuerzas Especiales cuyos soldados son conocidos popularmente como "boinas rojas" en lugar de boinas verdes, por el color distintivo de su boina oficial. Su área de responsabilidad abarca el continente americano al sur de México, las aguas adyacentes de Centroamérica y Sudamérica, el mar Caribe con sus 13 naciones insulares y territorios europeos y estadounidenses, y una porción del océano Atlántico: en conjunto, 32 países repartidos entre Centroamérica, Sudamérica y el Caribe, una superficie de unos 15,6 millones de millas cuadradas que representa alrededor de una sexta parte de la masa terrestre del planeta.
Un idioma no es opcional en este grupo
A diferencia de otros grupos regionales, donde el dominio de idiomas varía según el destino de cada soldado, en el 7º Grupo el español resulta habitual y el portugués frecuente, junto con una fluidez cultural que sus propios veteranos describen como una exigencia real del puesto, no un mérito añadido: sus soldados no llegan como visitantes puntuales, sino como socios de largo plazo que conviven durante meses con las fuerzas de países aliados. Esa orientación se resume en su lema oficial, "Lo Que Sea, Cuando Sea, Donde Sea", adoptado como traducción directa de su disposición a operar en cualquier condición dentro de su hemisferio.
De la lucha antidrogas a Plan Colombia
Buena parte de esa historia se ha escrito lejos de los titulares: entre 1987 y 2003, el 7º Grupo entrenó a las unidades policiales de la región andina en coordinación con el Mando Sur de EE. UU., el Departamento de Estado y la Agencia Antidrogas (DEA), un trabajo que ayudó a organizar, formar, equipar y asesorar a una nueva brigada antinarcóticos del Ejército colombiano. Esa colaboración terminó derivando en el Plan Colombia, un programa de 1.300 millones de dólares que contribuyó al final de más de cinco décadas de conflicto armado con las FARC, un ejemplo, según analistas del sector, de cómo el trabajo paciente y poco visible de un grupo regional puede acabar teniendo un efecto estratégico muy superior al de su tamaño real.
Fuentes: Eglin Air Force Base (eglin.af.mil), VetFriends, Taylor & Francis (Kevin Higgins, "Plan Colombia and the U.S. Army's 7th Special Forces Group"), lifeisaspecialoperation.com.