Del Ártico a Puget Sound: los ejercicios recientes que muestran cómo sigue vigente en 2026 la vieja doctrina de orientación regional de las Fuerzas Especiales
Alaska, el estado de Washington y México han sido escenario en los últimos meses de adiestramientos protagonizados por distintos Grupos de Fuerzas Especiales, cada uno alineado con una región del mundo desde hace décadas.
Una doctrina de reparto geográfico heredada de la Guerra Fría
Desde su expansión en los años sesenta, cada uno de los Grupos de Fuerzas Especiales en activo del Ejército de EE. UU. quedó vinculado a una región del planeta: el 1er Grupo con Asia-Pacífico, el 3er Grupo con África, el 5º Grupo con Oriente Medio, el 7º Grupo con Latinoamérica y el 10º Grupo con Europa, un reparto al que se suman unidades equivalentes de la Guardia Nacional. Ese principio de orientación regional, pensado para que cada grupo acumule idioma, cultura y relaciones de confianza con sus socios locales, sigue siendo siete décadas después el armazón que explica dónde y con quién entrena cada unidad.
Tres escenarios muy distintos, un mismo principio
En enero de 2026, soldados del 3er Batallón del 10º Grupo de Fuerzas Especiales participaron en el ejercicio JPMRC 26-02 en Alaska, donde practicaron desplazamiento en esquí de fondo por terreno nevado en Fort Wainwright y desempeñaron un papel de apoyo a la 11ª División Aerotransportada mediante reconocimiento profundo, inteligencia de señales y guerra electrónica dirigida contra nodos simulados de mando y control enemigos, aportando datos de objetivo para el fuego de largo alcance del conjunto de la fuerza. Meses más tarde, en julio de 2026, boinas verdes del 1er Grupo de Fuerzas Especiales realizaron un adiestramiento marítimo en la zona de Puget Sound (Washington): tras lanzarse desde un helicóptero UH-60 Black Hawk sobre el lago Washington y embarcar en botes de asalto de goma, completaron ejercicios de asalto e irrupción sobre un objetivo simulado en la Base Conjunta Lewis-McChord.
En paralelo, entre marzo y mediados de julio de 2026, una docena de integrantes del 7º Grupo de Fuerzas Especiales entrenaron en México, en bases próximas a Ciudad de México y en el estado de Quintana Roo, en un programa de cooperación militar que —según el Gobierno mexicano— incluyó instrucción sobre escenarios con armas de destrucción masiva, guerra en la selva y operaciones especiales encubiertas, y que llegó semanas después del despliegue de un equipo de los SEAL de la Armada de EE. UU. con un propósito similar.
El hilo conductor: adaptabilidad dentro de un marco estable
Nieve ártica, aguas del Pacífico noroeste y selva latinoamericana son, sobre el papel, entornos difícilmente más distintos entre sí. Sin embargo, los tres ejercicios comparten la misma lógica de fondo que dio origen a las Fuerzas Especiales en 1952: operar "por medio de, con y a través de" fuerzas locales o unidades convencionales aliadas, adaptando cada vez las herramientas —esquís, embarcaciones de asalto o instrucción antinarcóticos— a la región y el socio de turno, dentro de un mismo marco de orientación geográfica que lleva décadas ordenando el despliegue de la fuerza.
Fuentes: Army Recognition, DVIDS, Border Report / NewsNation.