El equipo operativo alfa que aprende a construir su propio dron: así integran las Fuerzas Especiales los sistemas no tripulados a gran escala
Un análisis publicado en la revista profesional del Ejército, Military Review, sostiene que los drones ya no son un complemento puntual para las Fuerzas Especiales, sino una capacidad que debe desplegarse a escala en cada equipo, y repasa cómo la instrucc
De la reconexión puntual a una capacidad desplegada a escala
En su edición de mayo-junio de 2026, la revista profesional del Ejército de EE. UU. Military Review publicó un análisis centrado en cómo los sistemas no tripulados han pasado de ser una herramienta ocasional a una capacidad que las Fuerzas Especiales necesitan desplegar de forma sistemática en cada Equipo Operativo Alfa. Según el propio análisis, los ODA de Fuerzas Especiales llevan aportando efectos estratégicos desde los primeros días de conflicto en múltiples teatros de operaciones, y la proliferación de drones baratos y accesibles —evidenciada en conflictos recientes como la guerra en Ucrania, donde buena parte de las bajas se atribuyen ya a sistemas no tripulados— obliga a que esa misma lógica de efecto desproporcionado se aplique también al ámbito de los drones.
De montar un dron en el aula a volarlo en el terreno
Esa exigencia se traduce ya en programas de instrucción concretos: el 28 de enero de 2026, en Eglin Air Force Base (Florida), alumnos del Curso Básico de Operador de Drones completaron la fase de vuelo real de un dron de visión en primera persona construido por ellos mismos durante la fase de montaje en aula, tras pasar antes por un simulador. Ese proceso —montar, simular y finalmente volar— busca que cada boina verde adquiera un control preciso y una capacidad de decisión en tiempo real suficiente para emplear los sistemas no tripulados en misiones de reconocimiento, observación y apoyo de precisión, manteniendo a la vez al personal fuera del alcance directo del peligro.
Hacia un centro de excelencia dedicado
El propio análisis de Military Review apunta además a un proyecto más ambicioso: la transformación de una instalación existente en Carolina del Norte en un centro de excelencia dedicado en exclusiva a los sistemas no tripulados dentro del ecosistema de operaciones especiales del Ejército, un paso que reflejaría hasta qué punto el propio Mando de Operaciones Especiales del Ejército considera que la guerra de drones ha dejado de ser una especialidad de nicho para convertirse en una destreza central de cualquier equipo desplegado, tan relevante hoy como el manejo del fusil o la navegación terrestre lo fueron para generaciones anteriores de boinas verdes.
Fuentes: Military Review (Army University Press), Army Recognition.