'Es hora de enterrar la boina': el polémico artículo de un coronel retirado que cuestiona si el modelo de las Fuerzas Especiales sigue vigente frente a China, Rusia o Irán
Un análisis publicado por la Irregular Warfare Initiative, firmado por un coronel de Fuerzas Especiales retirado tras 26 años de servicio, sostiene que el clásico equipo de doce hombres nacido en 1952 no está diseñado para sobrevivir en los entornos de vi
Un veterano de 26 años pone en duda el modelo que ayudó a construir
Bajo el título "The Last A-Team: Special Forces Aren't Special Anymore", el coronel retirado Ned Marsh, antiguo subcomandante del Mando de Operaciones Especiales de EE. UU. en Europa, publicó en mayo de 2026 en la revista digital Irregular Warfare Initiative un extenso análisis —presentado explícitamente como su opinión personal y no como postura oficial del Ejército— en el que sostiene que el entorno operativo ha evolucionado más rápido que las propias Fuerzas Especiales. Marsh no cuestiona el valor individual de los boinas verdes, a quienes describe como lo mejor de lo mejor, sino el diseño estructural de la unidad: un equipo de doce hombres pensado en los años cincuenta para operar en zonas rurales, analógicas y con vigilancia limitada, que a su juicio no puede infiltrarse hoy en sociedades como China, Rusia, Corea del Norte o Irán, dotadas de reconocimiento facial, bases de datos biométricas y análisis de patrones de vida a gran escala.
De los equipos Jedburgh a un ejército de 36.000 efectivos
El artículo repasa cómo el modelo de "equipo A" heredado de los Jedburgh de la Segunda Guerra Mundial se consolidó en Vietnam y la Guerra Fría, se disparó en tamaño tras el 11 de septiembre —el conjunto de operaciones especiales del Ejército pasó de unos 15.000 efectivos antes de 2001 a más de 31.000 en 2022— y, según Marsh, nunca llegó a responder a la pregunta que ya se planteó un excomandante del propio Mando de Operaciones Especiales del Ejército en un documento de transformación de 2013: qué papel deben cumplir las Fuerzas Especiales una vez terminada la Guerra Fría que les dio origen. El autor cita también las llamadas "verdades" fundacionales de las fuerzas de operaciones especiales, que advierten que la calidad no puede sustituirse por cantidad ni improvisarse tras el estallido de una crisis, para argumentar que una fuerza de decenas de miles de efectivos ya no puede considerarse, en sentido estricto, "especial".
Una propuesta radical y un debate abierto
Como solución, Marsh propone concentrar un único Grupo de Fuerzas Especiales, una compañía de Asuntos Civiles y una de Operaciones Psicológicas bajo el Mando Conjunto de Operaciones Especiales, dedicando el resto de la comunidad de operaciones especiales del Ejército a rediseñar por completo el modelo desde cero. Se trata, conviene subrayarlo, de la propuesta de un solo autor dentro de un debate interno más amplio sobre el futuro de la guerra irregular, y no de una decisión ni de una posición oficial del Departamento de Guerra; otros analistas del propio sector defienden en cambio que la red global de relaciones construida por las Fuerzas Especiales durante siete décadas sigue siendo, pese a sus limitaciones, un activo estratégico difícil de replicar.
Fuentes: Irregular Warfare Initiative.